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Embajadas extranjeras

El Salvador presenta su joya mas preciada “Café País, Café de El Salvador”

Con un ambicioso plan lanzan la Política Nacional Cafetalera con el objetivo que vuelva a brillar con luz propia en el mercado internacional

Algunos historiadores afirman que el período de introducción del cultivo del café a El Salvador fue entre los años 1779 y 1796, según la historia, las primeras plantas se encontraron en los terrenos de dos campesinos de Ahuachapán.
A mediados del siguiente siglo se dictaron algunas medidas para favorecer la siembra del café, tal es el caso de un Decreto puesto en vigencia en 1846, donde se establece que: Todos los agricultores que se dediquen al cultivo del café y tengan su parcela en altitudes superiores a los 5,000 pies de altura sobre el nivel del mar, quedan exceptuados por diez años de cargos concejiles.


Esto por un lado favoreció el cultivo, pero además, la firma del primer tratado comercial con los Estados Unidos de América en 1853, intensificó su comercio.
Cabe destacar que dos años más tarde, la gestión del presidente General Gerardo Barrios respaldo aún más esta iniciativa, decretando bajo el título de Distribución de terrenos a personas que se dediquen al cultivo del café: “La asamblea Legislativa Decreta aprobar el acuerdo del supremo gobierno, comprará el terreno que sea necesario tanto para la población como para los correspondientes ejidos, y tome para el servicio de la misma, el terreno baldío que se encuentre en sus inmediaciones”.


Como es de imaginar, con estas medidas el cultivo de café se expandió por todo el territorio salvadoreño iniciando en Ahuachapán para luego pasar a Santa Ana y Sonsonate y posteriormente se introdujo en el oeste de San Vicente, en las montañas de Berlín y en el Volcán Chaparrastique de San Miguel. El auge del cultivo del café se originó utilizando la sombra de árboles que provenían de bosques húmedos primarios y a medida que se fue intensificando el cultivo, estos árboles fueron sustituidos por otras especies, principalmente por los del género Ingas por poseer características adecuadas para el cultivo.


A mediados de los años 70 El Salvador se convirtió en el quinto productor mundial y cuarto exportador con cosechas cercanas a los 5 millones de quintales.
En la actualidad, El Salvador ha puesto en marcha un ambicioso programa para revitalizar la caficultura en el país y su economía, asegurar el cultivo entre las generaciones venideras y contribuir a la sostenibilidad medioambiental del territorio. El programa incluye el despliegue de un Plan de Política Nacional Cafetalera y el lanzamiento de la marca “Café País, Café de El Salvador”, con la que se presentan ya los mejores granos salvadoreños en el mercado internacional del café.
Ante esta situación, y conociendo el potencial de calidad del café de su país, el presidente de la nación, Nayib Bukele, ha decidido saldar la deuda de abandono gubernamental con el sector cafetalero de El Salvador y recuperar la producción nacional de café consciente que se contribuye con ello a la economía nacional y a la salud medioambiental del país.


La estrategia que se plantea el gobierno para llevar adelante su Plan de Política Nacional Cafetalera incluye llevar a El Salvador experiencias como la del Instituto del Café (Icafé) de Costa Rica y del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) con sede en ese mismo país, y fomentar así, la investigación y la innovación en el sector.
El Salvador, era hasta ahora el único país de la región que carecía de una política nacional de caficultura. Los productores no contaban con un respaldo legal, que garantizara la rentabilidad de cada eslabón involucrado en la cadena de producción y todo ello los convertía en un actor débil ante los mercados internacionales. La esperanza es que la nueva Política Nacional Cafetalera termine con estas carencias, los caficultores encuentren en la producción de café un medio de vida digno y El Salvador vuelva a brillar con luz propia en el mercado internacional.


Históricamente, en El Salvador únicamente se cultivan variedades arábicas de café, entre ellas, la Pacas, un café autóctono fruto de la mutación natural del Bourbon; la Pacamara, un híbrido salvadoreño resultante del cruce entre Pacas y Maragogipe, con excelentes propiedades de taza; y la Tekisic, una variedad de origen, también nacional e igualmente excelente en boca.
En el marco de esta nueva Política Nacional Cafetalera, este verano se ha presentado, además, la marca “Café País, Café de El Salvador”, que representa desde ahora, a toda la cadena de valor del café salvadoreño. La iniciativa nace con una visión clara enfocada a la calidad, a la que, explican desde el Gobierno, todos los caficultores se pueden alinear para crecer juntos como industria y país.


Con esta marca, el Ministerio de Agricultura y Ganadería prevé atraer inversión extranjera, capitalizar el café de origen, mejorar los precios del grano nacional y aumentar las exportaciones del sector, empezando por Japón, Rusia, Alemania, Italia, España y Estados Unidos.
En sintonía con esto, el Embajador de El Salvador en Argentina SE Eduardo Cardoza Mata, presentó en Buenos Aires la joya más preciada de su país, el café salvadoreño. Lo hizo en la sede diplomática a la cual asistieron expertos en café, empresarios y amigos especiales, y se realizó en coincidencia con la muestra “Las flores del volcán” de la artista argentina-salvadoreña, Marcela Duluc.

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