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Cultura

El poder del Taiko

En el Japón feudal, se utilizaba para motivar a las tropas, llamar a las órdenes o para entablar comunicaciones,
además de establecer un ritmo de marcha

Existe la posibilidad que la percusión sea el instrumento más antiguo en la civilización humana. A decir verdad, es más antiguo que el lenguaje escrito. En Yoruba, Nigeria, usaban los tambores en lugar del habla por miles de años. Dundun, o sea el tambor que habla, se podía escuchar hasta más de tres kilómetros de distancia. Los Yorubas tocaban los tambores como un medio de telecomunicación antes que se invente la tecnología moderna.
Sin embargo, el taiko ya existía en América del Norte a principios del siglo XX dentro de la comunidad japonesa. En Hawaii y también en la costa del Oeste, los Isseis, primera generación de japoneses, organizaron Bon odori, volviéndose una de las formas de diversión comunitaria para los inmigrantes –siendo la mayoría de ellos de la clase obrera– recordando de esa forma a su patria. Obon y Oshogatsu (la fiesta del año nuevo) eran los únicos descansos que la clase obrera podía disfrutar en Japón. Bon odori dio a los Isseis no sólo entretenimiento sino la oportunidad de reforzar su sentido de pertenencia a la comunidad étnica. Documentación histórica evidencia que los japoneses-americanos celebraban Obon –incluyendo a los músicos de taiko, yagura, y bailarines– durante su encarcelamiento en los Estados Unidos en la segunda guerra mundial.
Taiko, o sea en japonés «el tambor grande», también tiene una larga historia. Junto con otros artefactos culturales, el taiko viajó muy probablemente desde el continente asiático con la migración humana. El taiko se ha encontrado en los sitios arqueológicos a partir de la época joumon (entre 10,000 y 300 años antes de Cristo). Los tambores excavados de barro y las figuras de arcilla que representan los tambores se tocaban en el Japón antiguo para ocasiones ceremoniales y religiosas. El uso del taiko como un instrumento espiritual seguía sobre el tiempo. Generalmente los japoneses son pueblos agrícolas y han usado el taiko en las festividades y rituales para rezar, dar las gracias por una buena cosecha y también para evitar la mala suerte. Obon, el festival budista del verano, en particular fue una ocasión muy importante para tocar el taiko. En la danza obon, o sea Bon odori, la gente bailaba, dando vueltas alrededor de una yagura (un estrado) donde un cantante, un percusionista de tambor y un músico con una flauta de bambú tocaban música de fondo para los bailarines. Por tradición se permitía tocar el taiko solamente a aquellos señalados en ocasiones especiales ocupando modelos específicos. Cada pueblo tenía sus propios modelos de ritmo que se cuidaban y se compartían por generaciones. Muchos pueblos japoneses todavía conservan estos modelos; algunos han sobrepasado los linderos de los pueblos y se volvieron muy conocidos por todo el país así como también a nivel internacional. Sin embargo, esto no sucedió hasta que terminó la segunda guerra mundial cuando la función social del taiko cambió en una manera notable.

A pesar de su larga historia como un instrumento de música, el taiko se vuelve un fenómeno después de la segunda guerra mundial. Se volvió música de interpretación cuando Daihachi Oguchi, un percusionista de tambor de jazz de la región de Nagano, puso uno al lado de varios tambores de diferentes tamaños y luego los tocó juntos. Osuwa Taiko, el conjunto de Oguchi, empezó a tocar taiko en 1951. Años después, Seido Kobayashi, el ganador de la competencia Tokyo Obon Taiko, fundó el conjunto, O Edo Sukeroku Taiko. Los dos grupos – Osuwa Taiko y O Edo Sukeroku Taiko – se volvieron conjuntos profesionales de interpretación y también contribuyeron decisivamente a hacer del taiko una música popular de interpretación. Esto fue el inicio de la representación del taiko como interpretación en lugares no religiosos, ni rituales, por ejemplo, se tocaba el taiko en las salas de conciertos, los centros comunitarios, las tiendas y también en los jardines de cerveza.

En Buenos Aires, este y tantos otros espectàculos relacionados a la respetada y admirada cultura japonesa, pueden disfrutarse en el Complejo Cultural y Ambiental Jardìn Japonès, a cargo de la Fundaciòn Cultural Argentino Japonesa, cuyo Presidente es el Sr. Kazunori Kosaka.

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