En un reconocimiento a la fundación de una de las naciones más longevas del mundo, el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO decidió este domingo inscribir el conjunto arqueológico de las “Antiguas Capitales de Asuka y Fujiwara” en la prestigiosa Lista del Patrimonio Mundial. La decisión, adoptada durante la 48ª sesión del organismo celebrada en la ciudad surcoreana de Busan, eleva a 27 el número total de sitios del Patrimonio Mundial en Japón.
La nueva incorporación, designada como bien cultural, engloba 19 elementos arqueológicos distribuidos en la prefectura de Nara, al oeste del archipiélago nipón. Estos yacimientos, que datan desde finales del siglo VI hasta principios del siglo VIII, incluyen los restos de palacios imperiales, templos budistas y túmulos funerarios que atestiguan la transición desde una estructura política tribal hacia la formación de un Estado centralizado.
Para los expertos de la UNESCO, el verdadero mérito de Asuka y Fujiwara radica en su capacidad para ilustrar un proceso histórico de una magnitud monumental. Durante casi dos siglos, estas dos capitales sucesivas -Asuka (588-694 d.C.) y Fujiwara (694-710 d.C.)- sirvieron como el crisol donde se forjó el Estado japonés moderno.
El sitio demuestra no solo la organización política y administrativa, sino también la profunda influencia cultural proveniente del continente asiático. A través de intensos intercambios con China y la península coreana, Japón adoptó y adaptó instituciones clave, incluyendo la introducción del budismo y el sistema de leyes codificadas ritsuryō, que transformarían la sociedad japonesa para siempre.
Entre los vestigios más sobresalientes protegidos por esta nueva designación se encuentran las ruinas del Palacio de Asuka, los cimientos del Palacio de Fujiwara (la primera capital planificada de Japón), la Tumba de Takamatsuzuka, célebre por sus extraordinarios murales policromados, y la Tumba de Kitora, que alberga el mapa astronómico más antiguo de Asia Oriental.
En una declaración oficial, Takaichi expresó su “enorme satisfacción” por la inclusión como el vigesimoséptimo bien de Japón en la lista. La mandataria ofreció sus más sinceras felicitaciones y profundo respeto a los habitantes de Nara y a las comunidades locales, cuya labor durante años ha sido fundamental para proteger y transmitir este legado.
“Gracias a esta inscripción, este valioso patrimonio cultural se ha convertido no solo en un tesoro de Japón, sino también en un tesoro de la humanidad”, afirmó Takaichi, quien reafirmó la determinación de su gobierno para salvaguardar estos sitios y garantizar que su valor perdure para las generaciones futuras. Finalmente, extendió una invitación abierta a ciudadanos japoneses y visitantes de todo el mundo para que visiten estos lugares y experimenten su atractivo perdurable.
“Espero sinceramente que muchas personas, tanto de Japón como de todo el mundo, visiten estos lugares y experimenten por sí mismas el valor y el atractivo perdurable de las antiguas capitales de Asuka y Fujiwara”, concluyó la Primera Ministra TAKAICHI Sanae.
Hoy, bajo el amparo de la comunidad internacional, los campos y colinas de Nara no solo preservan los cimientos de piedra de una civilización antigua, sino que se consolidan como el testimonio físico de cómo Japón se construyó a sí mismo como nación.