En un gesto que conjuga visión ambiental y responsabilidad de Estado, la India ha inaugurado en el estado de Madhya Pradesh su primera vía concebida específicamente para mitigar el atropello de fauna silvestre en corredores biológicos críticos.
Se trata de un tramo experimental de dos kilómetros —ya conocido como la “carretera roja”— que aspira a convertirse en referencia regional en materia de infraestructura sensible a la biodiversidad. Más que una obra vial, es una declaración de principios: el desarrollo no debe erigirse a expensas de la vida que lo rodea.
Una tecnología al servicio de la coexistencia
El corazón del proyecto reside en un diseño que combina ingeniería, psicología del tránsito y conservación.
- Color como advertencia. La superficie incorpora un pigmento rojo intenso y una textura diferenciada que generan un contraste inmediato en la percepción del conductor. No es un mero recurso estético: es una señal inequívoca de ingreso a una zona de alta presencia de fauna, donde la prudencia se impone como norma.
- Disuasión y reducción de velocidad. El tratamiento visual y táctil del asfalto induce, de manera casi instintiva, a disminuir la marcha. La moderación de la velocidad resulta decisiva en áreas donde especies de diverso porte cruzan de forma recurrente en busca de alimento, agua o territorio.
- Seguridad compartida. La iniciativa protege la vida silvestre, pero también resguarda vidas humanas. Las colisiones con grandes ejemplares no solo fragmentan ecosistemas; con frecuencia derivan en accidentes graves. Aquí, la conservación y la seguridad vial convergen en un mismo objetivo.
- Corredores elevados. En determinados segmentos, la carretera se eleva para permitir el paso de animales por debajo, preservando la conectividad ecológica sin interrumpir el flujo vehicular. Es una solución estructural que reconoce que los ecosistemas no admiten fronteras artificiales sin consecuencias.
Este proyecto inaugura un paradigma que muchos países megadiversos observan con atención: la posibilidad real de armonizar infraestructura y naturaleza. En tiempos en que el crecimiento económico suele tensar los límites ambientales, la apuesta de India en Madhya Pradesh propone un camino distinto —uno en el que el progreso no avanza sobre la vida silvestre, sino que aprende a convivir con ella.