Les Cayes tiene el pulso de una ciudad portuaria y el mar a pocos pasos. Situada en el sur de Haití, durante siglos ha conectado la producción agrícola de la región con las rutas comerciales del Caribe. Hoy, sus calles, sus playas cercanas y su cocina ofrecen distintas maneras de acercarse a la vida del sur del país.
El movimiento de la ciudad pasa de los puestos de fruta. Entre el ir y venir de la gente, hay tiempo para detenerse ante una bandeja de fritay: plátano frito, bocados recién hechos y, para quien quiera un sabor más intenso, un poco de pikliz, el encurtido picante haitiano.
A medida que la tarde avanza, el olor de las frituras deja paso al de las brasas. Gelée, la playa cercana a la ciudad, reúne a quienes llegan para caminar junto al agua y a quienes buscan mesa frente al mar. El pescado a la parrilla es la especialidad que conviene esperar sin apuro. Llega con plátano frito, mientras alrededor crecen las conversaciones y empieza a sonar la música. La orilla sigue allí, a unos pasos, pero por un momento toda la atención está puesta en el plato.
Les Cayes conserva algo de ese ambiente de playa. Desde la costa se alcanza Île-à-Vache, donde los caminos atraviesan pequeños poblados y conducen a playas en las que es fácil perder la noción de la hora. Un almuerzo de pescado fresco prolonga la sobremesa del día anterior, aunque el paisaje haya cambiado en lugar del bullicio de Gelée, hay senderos, palmeras y el sonido del agua cerca.
Al regresar a Les Cayes, los sabores del viaje empiezan a ordenarse en la memoria. Quedan el picante del pikliz, el plátano servido junto al pescado y el humo de las parrillas al anochecer.
En esta ciudad del sur de Haití, conocer un lugar también significa sentarse a comer en él.