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Embajadas extranjeras

Después de 35 años, la RDC toma el control del Consejo de Seguridad de la ONU

La República Democrática del Congo al frente del Consejo de Seguridad representa una declaración de intenciones de un Continente que exige pasar de ser objeto de debate a sujeto activo en la construcción de la paz global

Por primera vez en treinta y cinco años, la República Democrática del Congo (RDC) asume la presidencia rotatoria del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Este hito histórico, que marca el mes de julio de 2026, no es solo un triunfo diplomático para Kinshasa, sino una oportunidad crucial para que el continente africano posicione sus prioridades estratégicas en el epicentro de la toma de decisiones globales. La presidencia congoleña llega en un momento de profunda crisis del sistema multilateral, con conflictos enquistados que desafían la arquitectura de seguridad internacional establecida tras la Segunda Guerra Mundial.

El embajador de la RDC ante la ONU, Zénon Mukongo Ngay, ha delineado una agenda ambiciosa que busca trascender la mera gestión de crisis para abordar las causas estructurales de los conflictos. En el centro de esta estrategia se encuentra la convicción de que la paz duradera es inalcanzable sin abordar las dinámicas de fondo que alimentan la violencia, particularmente en el continente africano.

La elección de estos temas no es casual. La propia RDC ha sufrido durante décadas las consecuencias de conflictos alimentados por la explotación ilícita de minerales como el oro, el tantalio y el estaño. Al elevar el debate sobre la gobernanza de los recursos naturales al Consejo de Seguridad, Kinshasa busca establecer normativas internacionales que corten el flujo financiero a los grupos armados, una medida vital no solo para la región de los Grandes Lagos, sino para numerosos conflictos a nivel global.

En el ámbito geográfico, la presidencia congoleña pondrá especial énfasis en las crisis que asolan el continente africano y Oriente Medio. La situación en Sudán, descrita como la peor crisis humanitaria actual tras tres años de guerra devastadora, ocupará un lugar central, incluyendo una sesión informativa de la Corte Penal Internacional programada para el 7 de julio.

Asimismo, el Consejo abordará la frágil situación en la República Centroafricana, que sigue lidiando con las secuelas de la guerra civil iniciada en 2013, así como las tensiones en Líbano y Siria. La RDC busca demostrar que África no es solo un receptor de resoluciones del Consejo, sino un actor proactivo capaz de mediar y proponer soluciones a crisis internacionales.

La presidencia de la RDC subraya una paradoja insostenible en el sistema de Naciones Unidas: mientras que aproximadamente el 80% de las resoluciones del Consejo de Seguridad en la última década se han centrado en África, el continente carece de representación permanente en el órgano decisorio.

La agenda propuesta por la RDC para su mes de presidencia refleja una comprensión profunda de las complejidades de los conflictos contemporáneos. Lejos de limitarse a las crisis geopolíticas tradicionales, Kinshasa ha priorizado ejes temáticos que resuenan con las realidades sobre el terreno.

La elección de estos temas no es casual. La propia RDC ha sufrido durante décadas las consecuencias de conflictos alimentados por la explotación ilícita de minerales como el oro, el tantalio y el estaño.

 Al elevar el debate sobre la gobernanza de los recursos naturales al Consejo de Seguridad, Kinshasa busca establecer normativas internacionales que corten el flujo financiero a los grupos armados, una medida vital no solo para la región de los Grandes Lagos, sino para numerosos conflictos a nivel global.

En el ámbito geográfico, la presidencia congoleña pondrá especial énfasis en las crisis que asolan el continente africano y Oriente Medio. La situación en Sudán, descrita como la peor crisis humanitaria actual tras tres años de guerra devastadora, ocupará un lugar central, incluyendo una sesión informativa de la Corte Penal Internacional programada para el 7 de julio.

Asimismo, el Consejo abordará la frágil situación en la República Centroafricana, que sigue lidiando con las secuelas de la guerra civil iniciada en 2013, así como las tensiones en Líbano y Siria. La RDC busca demostrar que África no es solo un receptor de resoluciones del Consejo, sino un actor proactivo capaz de mediar y proponer soluciones a crisis internacionales.

La presidencia de la RDC subraya una paradoja insostenible en el sistema de Naciones Unidas: mientras que aproximadamente el 80% de las resoluciones del Consejo de Seguridad en la última década se han centrado en África, el continente carece de representación permanente en el órgano decisorio.

El continente exige dos asientos permanentes con todos los privilegios, incluido el derecho a veto, además de dos lugares no permanentes adicionales a los tres actuales, para corregir una injusticia histórica que deja a 1.400 millones de personas sin voz permanente.” 

Aunque líderes mundiales como el presidente estadounidense Joe Biden y el Secretario General de la ONU, António Guterres, han manifestado su apoyo a esta reforma, los avances concretos siguen estancado. La presidencia de la RDC sirve como un recordatorio contundente de la urgencia de democratizar el Consejo de Seguridad para reflejar las realidades geopolíticas del siglo XXI.

El mandato de la República Democrática del Congo al frente del Consejo de Seguridad representa mucho más que un turno administrativo. Es una declaración de intenciones de un continente que exige pasar de ser objeto de debate a sujeto activo en la construcción de la paz global. Al centrar la atención en la violencia sexual, la explotación de recursos y la justicia transicional, la RDC está impulsando un multilateralismo renovado, fundamentado en el diálogo, el respeto a las normas internacionales y, sobre todo, en la búsqueda de soluciones duraderas que ataquen las raíces mismas de los conflictos.

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